Lo más cortés es presentarme primero de todo. Me llamo Marcela y soy una mujer a la que le gusta disfrutar del sexo. Soy lo que a los hombres os gusta llamar una ninfómana, aunque realmente yo lo único que busco es lo mismo que tantas otras personas en el mundo: practicar sexo de la manera más complaciente posible.
El único hombre con el que tengo una relación duradera y con el que no me he acostado es Jorge. No, no es gay, simplemente es mi mejor amigo y aunque suene a típico tópico no me gustaría que nuestra amistad se viera truncada por, digamos, un buen polvo.
Jorge ha llegado a decirme en reiteradas ocasiones que, debido a mis exitosos contactos sexuales, podría ganarme la vida como compañera de lujo, escort… vamos como una puta cara.
Sería muy fácil para mí cobrar por mis contactos sexuales. Gran parte de mis compañías sexuales son ejecutivos con un alto nivel de vida y, tanto los casados como los que no lo son, en diversas ocasiones me han llevado de “viaje de negocios” a gastos pagados. Lo que se puede llamar una “invitación”. La verdad es que a veces dudo en si eso es un tipo de liviana prostitución.
Esa liberalización sexual me ha permitido llegar al extremo de elegir yo el hombre, e incluso a veces la mujer, con el que quiero pasar un buen rato. Es por eso que les tengo totalmente prohibido llamarme ya que soy yo la que me pongo en contacto con ellos cuando los necesito cerca. En ocasiones, cuando pasa tiempo sin que llame a alguno de ellos, no pueden evitar la tentación y, con alguna escusa no precisamente barata, me llaman, me mandan un e-mail, un sms e, incluso, algunos se atreven a aparecer por mi casa.
Ahí me doy cuenta de que les traigo loquitos. ¿Sabéis por qué? Es muy sencillo, cuando practico sexo con ellos les doy todo. Para mí disfrutar del sexo no es solo gozar cuando me estimulan a mí, sino que soy capaz de llegar al orgasmo tan solo escuchando el gemido de un hombre mientras le practico una felación y siento su glande temblar dentro de mi boca.
Y eso, por lo visto y comprobado, les gusta. Y lo demuestran.
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